El viento rugía fuerte. Chocaba contra los cristales de la ventana como queriendo hacerlos añicos. Ana, sentada delante de la mesa de su despacho, miraba la calle contenta de estar dentro de casa. Veía como el viento levantaba las hojas del suelo, arrastraba papeles y bolsas vacías y movía las ramas de los árboles forzándolos a bailar siguiendo una extraña melodía. No había mucha gente en la calle, y los que había, corrían a refugiarse en algún portal esperando a que amainase un poco el viento. Ana, miraba hipnotizada el caos que había en el exterior cuando un portazo repentino la sobresaltó.
domingo, 13 de septiembre de 2009
La desaparición del gato
El viento rugía fuerte. Chocaba contra los cristales de la ventana como queriendo hacerlos añicos. Ana, sentada delante de la mesa de su despacho, miraba la calle contenta de estar dentro de casa. Veía como el viento levantaba las hojas del suelo, arrastraba papeles y bolsas vacías y movía las ramas de los árboles forzándolos a bailar siguiendo una extraña melodía. No había mucha gente en la calle, y los que había, corrían a refugiarse en algún portal esperando a que amainase un poco el viento. Ana, miraba hipnotizada el caos que había en el exterior cuando un portazo repentino la sobresaltó.
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